En las frías noches de invierno, es visible en el hemisferio norte, la constelación más ilustre y bella de todo el cielo: Orión, el cazador. Y debajo de su cinturón (las “Tres Marías”), se esconde su tesoro: la Nebulosa de Orión, también conocida por los astrónomos como M42.
Situada a unos 1.300 años luz de distancia y con una magnitud de 3, es visible a simple vista como una mancha difusa en cielos oscuros. Esto, unido a su lindeza, la han convertido en uno de los objetos celestes más observados y fotografiados.
Con un tamaño de 24 años luz, esta nube de gas y polvo alberga en su interior el criadero de estrellas más cercano a nuestro Sistema Solar. Pero no solo se forman estrellas en la Nebulosa de Orión. Observaciones recientes, han revelado la existencia de numerosos discos protoplanetarios, las semillas de las que surgen los planetas.